La propiocepción: qué factores la debilitan y cómo se puede entrenar
La propiocepción es la capacidad del cuerpo para percibir la posición y el movimiento de las articulaciones y extremidades sin necesidad de mirar. Es decir, es el sentido que te permite saber dónde están tus brazos, piernas y otras partes del cuerpo en el espacio, incluso con los ojos cerrados. Se basa en la información que envían los receptores nerviosos ubicados en músculos, tendones y articulaciones.
La misma puede verse debilitada, y los especialistas marcan que esto puede ocurrir por diversas razones.
Entre las causas está el sedentarismo o falta de movimiento constante; el envejecimiento natural -con los años disminuye la sensibilidad de los receptores propioceptivos-; lesiones como esguinces, fracturas, cirugías o cualquier daño articular; problemas neurológicos o enfermedades crónicas (como diabetes); desuso o mala postura prolongada; y falta de entrenamiento específico.
La buena noticia es que la propiocepción se puede entrenar a cualquier edad.
Entre las estrategias efectivas hay ejercicios básicos:
• Equilibrio unipodal: mantenerte de pie sobre una sola pierna (primero con ojos abiertos, luego cerrados).
• Caminata en línea recta apoyando talón con punta (como en una cuerda floja).
• Sentadilla en superficie estable (sumá luego superficies inestables como colchonetas o bosu).
También están los ejercicios avanzados:
• Balance con elementos inestables: bosu, almohadones, plataforma vibratoria.
• Caminata lateral con banda elástica.
• Trabajo con ojos cerrados para obligar al cuerpo a usar más la propiocepción.
• Movimientos lentos y controlados, como yoga o tai chi.
Especialistas indican que el entrenamiento propioceptivo también beneficia el sistema nervioso central, mejorando la coordinación, el equilibrio y la respuesta motriz. Por eso integrar ejercicios de atención plena puede amplificar los resultados.
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