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Vaca Muerta, conflictos y una idea clave: anticiparse antes de que todo explote

No todo en Vaca Muerta pasa por el petróleo o el gas. También hay algo menos visible, pero igual de determinante: lo que ocurre alrededor, en las comunidades donde se instalan los proyectos.

Sobre eso trabajó Stéfano Tiezzi, politólogo formado en la Universidad Nacional de Villa María, en su tesis de maestría en Gestión de Gas y Petróleo (Universidad Austral), con la que alcanzó el título de magíster. Su foco no estuvo en lo técnico, sino en algo más cotidiano: los conflictos.

Su planteo es simple, pero potente: muchos problemas no aparecen de golpe, se van gestando. Y si no se detectan a tiempo, escalan. A esos escenarios los define como “conflictos externos potencialmente peligrosos”, situaciones que parecen menores pero pueden terminar impactando de lleno en la actividad.

La clave, dice, es dejar de reaccionar cuando el conflicto ya está instalado y empezar a anticiparse. Para eso propone herramientas concretas que combinan mirada social y lógica empresarial, con un objetivo claro: mejorar el vínculo entre empresas y comunidades, algo que suele quedar en segundo plano pero termina siendo decisivo.

En ese cruce —entre producción y territorio— también se juega el futuro de Vaca Muerta. Porque, más allá de su peso en la economía, el desarrollo no está completamente asegurado. Hay problemas de infraestructura, reglas inestables y contextos que cambian.

Aun así, el potencial es enorme. Tiezzi lo resume en una idea: tiene un efecto multiplicador. Genera empleo, mueve otras actividades y puede posicionar al país como exportador de energía.

Pero para que eso pase, no alcanza con perforar. También hay que entender lo que pasa afuera del pozo. Y, sobre todo, llegar antes de que el conflicto sea noticia.

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